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Acción de recoger las uvas de la vid.
Por fin la cepa se muestra agradecida, nos da su fruto y recompensa nuestro esfuerzo de podar, ensarmentar, cavar, podar en verde, sulfatar...
Hemos catado la uva y comprobado el grado de maduración, el estado de las pepitas, los sabores afrutados, el grado de dulzor/acidez de la pulpa y sus aromas. Está a punto.
Unos días antes mojamos los cestos para que no se rompan los mimbres, preparamos los cunachos y afilamos el tranchete, pues mañana hay que madrugar.
Llegamos a la viña y comienza la fiesta; los mejores racimos van a parar al buche. ¡Qué buenas están las primeras uvas! Al cabo de un rato el dolor de riñones transforma la fiesta en un trabajo.
Es conveniente vendimiar con el fresco para evitar alteraciones y oxidaciones en los racimos. Hay que tratar la uva con sumo cuidado, no hay que romper los granos ni en la vendimia ni en el transporte si queremos que nos dé el mejor vino.
Antiguamente todo el pueblo empezaba a vendimiar el mismo día, pues la mayoría del vino se elaboraba en los lagares y hacerlo en otras fechas entorpecía el funcionamiento de la cooperativa.

Autor: 
El Santero