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Trozo de terreno no muy grande, cercano al pueblo, que se sembraba de cebada para forraje de las caballerías. Había muchos entre el Juego-pelota y las Eras de abajo.
En el alcarcel las caballerías (machos, mulas y burros) no pastaban libremente, sino que la cebada en verde era segada cuidadosamente, poco a poco, antes del espigue, al amanecer y cuando ya se había secado el rocío de la noche. Luego se les ponía encima del pesebre donde había una red que les permitía comer.
Muy nutritiva para los animales sanos, pero perniciosa para los que padecían lamparón o muermo.

Autor: 
El barranco Valdilongo