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Utensilio de madera formado por dos palos dentados de un palmo de largo, que se articulan en uno de sus extremos por un gonce y en el otro extremo se atan con una cuerda que se aprieta a voluntad, después de haber pinzado el labio superior de la caballería.
Si la caballería era rebelde o nerviosa, había que emplear métodos expeditivos, con el fin de doblegarla, para que se estuviera quieta y se dejara herrar, esquilar o hacerle pequeñas curas, como cojeras y mataduras, procurando evitar las mortales coces que sacudía con las patas traseras.
A medida que le aprietas el labio con el acial, se va tranquilizando y se produce - según el dicho-, el descanso del hombre y la tortura del animal, aunque hay teorías que sostienen que la caballería genera endorfinas que evitan el dolor. Seguramente le duele tanto el labio que se olvida de que le estás manipulando los cascos o las heridas.
Los cascos de las caballerías, son muy sensible, llenos de vasos sanguíneos y fibras nerviosas, capaces de sentir el relieve del suelo, por eso hay que conseguir que se estén quietos, para poder acondicionarlos correctamente antes de ponerles las herraduras.
Foto en Antigüedades.

Autor: 
El barranco Valdilongo