Entrar

style="display:block"
data-ad-client="ca-pub-6234393606281419"
data-ad-slot="3295781887"
data-ad-format="auto">

style="display:block"
data-ad-client="ca-pub-6234393606281419"
data-ad-slot="7725981489"
data-ad-format="auto">

Golpe correctivo dado en el cráneo con los nudillos del puño cerrado que te hacía ver las estrellas.
Mi abuela me mandaba a llenar el botijo a la fuente, y como tardaba más de una hora y no le daba explicaciones, me decía como todas las abuelas: ven que no te voy pegar. Yo sabía que si me agarraba me iba a dar un coscorrón.
Como era verano, había estado tumbado panza arriba en las eras mirando las estrellas. Miles de estrellas que me hipnotizaban y casi al alcance de mi mano.
El Camino de Santiago, nombre popular de la Vía Láctea, La Osa Mayor, la Osa Menor, las siete estrellas del Carro…y otras que de de mayor aprendí los nombres.
Esas eran las estrellas que me gustaban, y no las del coscorrón.

Autor: 
El barranco Valdilongo