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Persona que trabajaba artesanalmente el hierro mediante el calentamiento y la forja con el objeto de moldear o fabricar determinadas piezas a golpe de martillo.

El herrero de Morcuera era un auténtico artista del hierro y el acero, capaz de fabricar desde una sencilla herradura a una complicada cerradura con su correspondiente llave.

Su taller era la fragua, un local lúgubre y negruzco, pero siempre cálido, donde al calor del carbón incandescente avivado por un enorme fuelle de madera con los costados de piel flexible y un cañón por donde salía el aire, el herrero calentaba y daba forma con el martillo, el ingenio y la destreza a las herraduras de los animales y afilaba las rejas del arado apoyadas en el yunque. Aún recuerdo el soniquete del martillo golpeando el hierro caldeado: Pim, pam, pim, pam, pim, pam…

De niños íbamos a mirar las chispas que salían por la chimenea y a ver si nos dejaba manejar el fuelle.
Otra de sus tareas del herrero, consistía en colocar las herraduras a los machos o burros.
Para ello empezaba por enderezar los remaches de los clavos anteriores con una cuchilla y un martillo, antes de arrancar con unas tenazas las herraduras viejas, luego se limpiaba el casco muerto, con la cuchilla y el martillo y se cortaba el borde con otras tenazas a modo de cortauñas. Entonces ya se podía limar, dando la misma medida a un lado del casco que al otro. A continuación ponía la herradura nueva sobre el casco y, si hacía falta, la adapta dando unos golpes con el martillo en el yunque. Después lo fijaba con los clavos, clavando siempre de dentro para fuera, para evitar dañar al animal y al mismo tiempo poder remachar las puntas de los clavos. Cobraba 2 ptas por cada una de ellas.

Cuando el herrero ya no estaba en Morcuera, se llevaban a herrar a San Esteban. Tenía nueve años y bastante miedo de que se me escaparan los machos cuando me tocó hacer ese menester.
Decía mi abuelo:” Invierno, buen tiempo para el herrero y el panadero”

Autor: 
El barranco Valdilongo