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Convenio entre un profesional y los vecinos del pueblo por el que aquel presta a estos sus servicios a cambio de una cantidad fija anual en metálico o en especie.

Como el dinero no abundaba, era muy frecuente el trueque, con el carpintero, el herrero, el barbero, el médico,-si tenía macho- y hasta el cura. Estos convenios consistían en dar una cantidad de grano anualmente al titular del oficio y éste le prestaba sus servicios en ese periodo de tiempo.

Así el herrero recibía un ochavo (medida de capacidad = 4 ochavillos = 1,156 litros) de grano por yunta y correspondía con los arreglos del arado romano y a sacar punta a la reja.
La tasa para el barbero era de un ochavo por cortar el pelo y rasurar la barba todo un año, el corte de pelo lo hacía una vez al mes y la barba una vez a la semana, eso si no había boda o fiestas porque entonces les regalaba el corte y el rasurado extra. Al cura se le compensaba con un ochavo por nombre, para que rezara cada domingo, al final de misa un Padrenuestro y un Avemaría por el eterno descanso de las almas de los difuntos fallecidos en el año en curso, aunque la costumbre era dejar los nombres en la lista cinco o más años.

Si no había alguacil, el profesional iba con un saco a las eras, donde se echaban los ochavos o fanegas de grano según las cantidades estipuladas.
-Abuelo, ¿Por qué nosotros que nunca estamos malos, pagamos igual que el vecino que siempre está enfermo?
-Eso es lo bueno, pagar y no tener que llamar al médico.
(Ver modelo de contrato en antigüedades y reliquias)

Autor: 
El barranco Valdilongo