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Armazón con forma de cilindro en su base y semiesfera en su parte superior, que estaba fabricado en madera y se colocaba encima del brasero para secar la ropa sin que se quemara. Los días de invierno, no se tendía en el entorno de “la fuente”, pues se congelaba y al menor golpe podía romperse.
Cuando llegaba el invierno y empezaba a notarse algo de fresco, las mujeres reunían alrededor del brasero para hacer punto, jugar a las cartas o escuchar en la radio: Matilde, Perico y Periquín de Guillermo Sautier Casaseca.
Para que no les salieran cabrillas, se ponían una especie de espinilleras de cartón en las piernas.
-Serapia, coge la badila y remueve un poco las ascuas.
Como las salitas no eran muy grandes, a veces se producía el famoso tufo, y era conveniente salir a tomar el aire para despejarse del mareo.

Autor: 
El Cuarto Enebro