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La Iglesia ordenaba hacer ayuno y abstinencia. No se podía comer carne ni caldo de carne durante los 40 días de la Cuaresma ni durante todos los viernes del año porque desobedecerlo era pecado mortal. Pero si tú sacabas la Bula de carne, quedabas exento de esa prohibición.

Se expedía un documento a nombre de la persona que adquiría la bula previo pago de una peseta. El papel estaba firmado por el Papa, que era el que concedía la facultad de poder comer carne (sin pecar) los días de vigilia.
Aunque se podían comer buenos pescados y mariscos como sustitutos de la carne en esos días prohibidos, en la mayoría de los hogares el menú consistía en patatas con bacalao.

También había bulderos, (vendedores de bulas) imagino que falsificadas y más baratas, con las que engañaban a los campesinos, según se cuenta en el libro EL LAZARILLO DE TORMES.

Autor: 
El barranco Valdilongo