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Recipiente con el que se transportaba el mosto desde el lagar a las bodegas.
Consistía en la piel de una cabra desollada a la que se raía el pelo, se quitaban los sebos, se lavaba bien, se impermeabilizaba, se cosía a dos manos y se remataban los pielgos del pellejo que serían los asideros. Todo un arte al conseguir que la piel del animal tan solo tuviese seis boquetes. Todos se ataban y por donde se extraía el vino era por el cuello.
Los mozos hacían apuestas de quien era capaz de bajar primero las escaleras de la bodega con un pellejo de vino a cuestas.
Una vez vaciado en las tinajas, era el momento de buscar a las mozas para lavarles la cara con los restos de vino que quedaban en el pellejo.
En algunos lugares conservan el vino en pellejos, si es así, hay que tener en cuenta lo que me dijo mi abuelo:
No pongas vino nuevo en pellejo viejo, porque el vino nuevo por la fermentación hace estallar el pellejo viejo. ¡Vino nuevo en pellejo nuevo!

Autor: 
El Cuarto Enebro

También había un pellejo especial para solo el vinagre. Era mucho mas pequeñito y se guardaba en la despensa, que generalmente estaba debajo de las escaleras.
El Arrabal

Parche o remiendo que se hacia a los pellejos cuando se rompian.
El alto de la Moratilla