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Aparejo de madera acoplado a los lomos de las caballerías sobre la albarda y que se utilizaba para transportar los haces de cereales desde la tierra a la era.

Ejemplo: Mientras los mayores segaban, la tarea de acarreador/a, la hacían los niños, pues la mies es mucha y los obreros pocos.

Aprieta bien la cincha -te decía la abuela- porque el tarre (correa que sujeta el aparejo por detrás del animal, debajo del rabo) lo llevabas caído.
Si la tierra estaba lejos, buscabas un sitio alto para poder montarte y cuando lo conseguías, como las amugas eran anchas, uff, ¡qué daño que te hacías en el culo!.
A la vuelta, con diez y a veces doce haces en cada caballería, tenías que estar muy atento para que la carga no se inclinara demasiado y acabara en el suelo, lo que resultaba un desastre que no se arreglaba llorando.
Cuando por fin llegabas a las eras, tenías que descargar. Tirabas de la soga según la dejaban, la quitabas de las amugas y caían dos haces; luego quitabas la soga por detrás y caían otros dos; así hasta que caían todos los que iban en el macho.

Autor: 
El barranco Valdilongo