Entrar

style="display:block"
data-ad-client="ca-pub-6234393606281419"
data-ad-slot="3295781887"
data-ad-format="auto">

style="display:block"
data-ad-client="ca-pub-6234393606281419"
data-ad-slot="7725981489"
data-ad-format="auto">

 

Puesto de control de las mercancías que entraban a las  poblaciones, con fin recaudatorio. Hasta no hace mucho, al entrar a San Esteban, por el puente del Duero, aún se podía ver una garita donde ponía: fielato.

Dentro estaba el “consumero” con su uniforme y su gorra oscura de plato, en la que  llevaba una chapa identificativa.

Para evitar el famoso estraperlo, cuando entrabas en San Esteban con mercancías, eras literalmente asaltado por el encargado del fielato y debías pagar las tasas correspondientes. Tratabas de ocultar la cesta de mimbre donde llevabas alguna gallina y hubo quien metió los chorizos debajo de la saya, pero el olor la delató.

¡Ah!, y pobre del que no tributase, porque si eran pillados después en el mercado sin el documento de pago por la Guardia Civil, se les caía el pelo.

Cuando yo era niño, al pasar por allí, se me encogía un poco el estómago, a pesar de que ya no había funcionario.

Autor: 
El barranco Valdilongo